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El consumo y la reforma fiscal

Por: Abel Hibert (Mayo 25 del 2014)

Una de las grandes inquietudes es que la economía mexicana no ha logrado crecer. En el año 2013, de crecimiento económico la expectativa del gobierno era de 3.5% y el crecimos 1.1%. Para el año 2014 las autoridades han estimado un crecimiento del PIB del 3.9% y de acuerdo a diversas proyecciones de analistas independientes estiman un crecimiento no superior al  3.0%.

El epicentro del bajo crecimiento lo podemos ubicar principalmente en la reforma fiscal. En esta propuesta fiscal se le dio mayor peso a recaudación de impuestos al ingreso a personas con mayores niveles de ingreso al elevar la tasa marginal del ISR y reducir drásticamente las deducciones personales. Se elevaron los impuestos a bebidas con azúcar y a diversos productos considerados “chatarra”. Se aprobaron mayores poderes recaudatorios para el SAT  través de diversas modificaciones al Código Fiscal de la Federación. Se armonizó la tasa de este impuesto en las fronteras con relación al resto del país.

El resultado no es sorpresivo. La recaudación del IVA, ISR y IEPS crecieron en el primer trimestre del año 17.1%, 6.9% y 18.2% en términos reales con relación al primer trimestre del 2013. Las autoridades hacendarias celebran estos datos diciendo que son producto de la reforma fiscal recién aprobada.

Tampoco es sorpresivo que el consumo lo haya resentido: las ventas de los asociados de ANTAD a mismas tiendas en marzo cayeron 2.4% con relación al mismo periodo del año anterior; las ventas de Wal Mart a tiendas iguales en marzo decrecieron 3.0% con respecto a marzo del 2013. En marzo, la confianza del consumidor se ha deteriorado en 11% con relación a enero del 2013.

La explicación es que se redujo el ingreso disponible de los consumidores, que son los que más ahorran y financian la inversión, para que los gastara el sector público en sus programas sociales. El gasto privado impulsa a toda la actividad económica. El gasto público impulsa actividades aisladas y campeones específicos.  La política fiscal debe ser redistributiva, pero no debe generar incentivos en contra del ahorro y la inversión.

Moraleja: las reforma fiscal limita el crecimiento económico al reducir el ingreso disponible para poder ahorrar y consumir, limita las inversiones privadas y no se compensa con el incremento del gasto público, que nunca será de mejor calidad que el gasto privado. Ojalá a esta reforma si le hagan una verdadera reforma.

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