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¿Qué sigue?

Por: Abel Hibert

Aprobadas por el Congreso de la Unión las reformas estructurales propuestas por el presidente Enrique Peña Nieto ahora viene la etapa más difícil: llevar a la práctica las reformas. Porque una cosa es que nuestro Congreso apruebe leyes y las suba al pedestal de la misma Constitución y otra muy diferente es llevarlas a la práctica con toda la letra y vigor tal como fueron aprobadas.

¿Qué sigue para las  reformas?: lo primero es que en un país como el nuestro en donde la regla es el cumplimiento y aplicación discrecional de las leyes y no hay ninguna consecuencia de su incumplimiento, el gran reto es que trasciendan del papel (o los bytes) en la que están escritas y se conviertan en realidad.

Hay que esperar la reacción que van a tener todos los grupos de poder e interés que han visto afectados directa, indirecta, potencial o imaginariamente por las reformas. La oposición del CNTE ha provocado que la reforma educativa sea una anécdota en los estados del país donde este sindicato gobierna, como es el caso de Oaxaca. En el caso de la reforma en telecomunicaciones, América Móvil le está dando de manera elegante la vuelta a la declaración de preponderancia y a Televisa no la veo muy angustiada por los efectos que tendría en sus operaciones estas reformas. En el caso de la reforma energética la oposición está viniendo de un grupo que nadie tenía en el radar: el sector agrario y campesino ante el temor de ser despojados en caso de que descubran yacimientos de petróleo y gas en sus tierras. ¿Y el sindicato de PEMEX? ¿A poco se va a quedar tan tranquilo? ¿Por cuánto tiempo? La reforma que ha logrado grandes consensos en toda la población, pero en contra, es la reforma fiscal, a la cual se le atribuye el estancamiento de la economía mexicana en lo que va del 2014.

Por último se espera que estas reformas comiencen a ofrecer lo más pronto posible a la población los resultados prometidos y que en algunos años se haga una evaluación objetiva de sus efectos positivos y negativos. A Nuevo León le han prometido convertirse en el Houston mexicano. Nos prometieron que vamos a pagar menos electricidad. Que nos preparemos para administrar la abundancia. Ya hemos vivido y sufrido estos delirios. Por el bien de todos, que las reformas logren liberar el potencial de México. Se nos acaba el tiempo.

 

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